Wendigo
Desde el folclore de ciertos nativos de América del Norte nos llega el wendigo, una criatura desgreñada y sufriente que se mueve sobre el ruido que el viento produce en los árboles y vive entre el musgo del bosque más profundo. Pero estas bucólicas imágenes del espíritu en comunión con la naturaleza desaparecen cuando averiguamos más detalles: no sólo están asociados con el frío y la hambruna, sino que suelen tener un insaciable apetito por carne humana. Se dice que basta con soñar con el wendigo para quedar poseído por su espíritu malevolente. La víctima se despierta enloquecida y corre hacia el bosque hasta que su ropa queda hecha jirones y su piel sangrante; luego de ese episodio jamás se recupera y pasa el resto de sus desgraciados días dedicados al abandono de sí mismo y al canibalismo ocasional. Según otras tradiciones ocurre al revés: quien —por ejemplo durante un invierno especialmente severo— se ve forzado a comer carne humana, se transforma en un monstruo solitario y extraviado; su carne se disuelve hasta que se marcan los huesos bajo la piel, sus ojos se hunden y su aspecto se vuelve ceniciento. Como ser fantástico tiene menos glamour que un unicornio y menos encanto visual que el dios hindú de los muchos brazos; pero en los últimos años y gracias a la avidez de escritores y cineastas para encontrar nuevos personajes que aterrorizaran a sus audiencias, el wendigo encontró su pequeño lugar dentro de la cultura pop. Así es como comparte cartel con demonios y monstruos de heterogéneo linaje en películas, videojuegos, cómics y juegos de rol; le queda mucho, sin embargo, para alcanzar el escalón prominente de los vampiros, los zombies y los hombres lobo. (Publicado en Crucigrama Nº 884)
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