Nacho
La cocina mexicana es una de las más características del mundo. Abundan sus restaurantes en todas las ciudades cosmopolitas; el año pasado, la Unesco la declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad. Su ardiente sabor reúne tradiciones precolombinas, españolas, africanas, asiáticas y estadounidenses. Al revisar un menú nos asaltan numerosas voces sonoras y crujientes; en algunos casos podemos caer en una confusión. En México, una tortilla es algo así como un panqueque hecho con harina de maíz, y no el aceitoso revoltijo de huevos, papas y cebollas que solemos ver en nuestras mesas; el alambre es un contundente plato que incluye carne vacuna y abundantes vegetales, pero ningún metal. El taco es una tortilla abierta que se sirve rellena con los más diversos ingredientes; el burrito es similar, pero suele preferir una tortilla de harina de trigo. Un chile no es un fruto trasandino, sino el picantísimo pimiento. Curiosamente, las albóndigas parecen ser albóndigas, pero por las dudas pregúntele al mozo. Muchas de las palabras que encontramos en ese menú nos remiten sin ambigüedad a la cocina mexicana, desde los tamales a los antojitos, desde las enchiladas a las quesadillas. La influencia de esta cocina cruzó el río Bravo y así fue que en el sudoeste de Estados Unidos inventaron los nachos, con el aspecto y la textura de galletas crocantes pero hechas con harina de maíz y que se comen como si fueran papas fritas o se remojan en picantes salsas. (Publicado en Crucigrama Nº 888)
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios








