Legua
La legua es una antigua medida de longitud, que sobrevive literariamente en las botas de siete leguas o en las veinte mil leguas de viaje submarino. Sorprende enterarse de la definición: una legua, dicen los diccionarios, equivale a la distancia que se puede recorrer caminando durante una hora. Naturalmente, la gente camina a diferentes velocidades de acuerdo a su estado atlético, a su motivación, a los rigores del terreno; según el país y la época, una legua pudo extenderse entre tres y seis kilómetros. Las modernas mediciones basadas en el metro y sus múltiplos tienen la virtud de la precisión, pero no ayudan a darnos una idea palpable de la magnitud involucrada. Si alquilamos una casita a doce mil metros de la playa no parece tan terrible; pero si nos dicen que tenemos cuatro horas de caminata hasta llegar a la arena se nos arruinan las vacaciones. Será por eso que todavía decimos cosas como «conseguí un trabajo a quince minutos de mi casa» o «alquilé una casita a cinco minutos de la playa», usando unidades de tiempo para indicar distancias. La legua no es la única unidad antigua basada en experiencias prácticas. El acre, bien conocida por todos los aficionados a los crucigramas, es una unidad inglesa para indicar superficies, y equivale al tamaño de un terreno que puede arar un hombre detrás de un buey a lo largo de un día. Muchas unidades antiguas usan como patrón de medida el cuerpo humano: desde la pulgada hasta el codo, desde el pie hasta la yarda. La milla, que todavía sigue vigente en Estados Unidos, en su origen equivalía a mil pasos; de allí su nombre. (Publicado en Crucigrama Nº 889)
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